Si las Ferias profesionales sirven para tener una idea de cómo está un sector, la celebración de Expocoaching 2016 debería de conocerse en el futuro como el evento que disparó todas las alarmas de los profesionales e instituciones vinculados al coaching en España.

Ojalá la energía utilizada para desarrollar algunas de las imaginativas -que no creativas ni innovadoras- propuestas que se pudieron ver allí, se canalizara en realidad a profundizar y dar seriedad y rigor a la manera de afrontar esta disciplina, podríamos estar contentos. Pero parece que lo que prima es apostar por una diferenciación basada en adornos superfluos e innecesarios que no contribuyen precisamente a dignificarla.

El coaching ha logrado a convertirse en un concepto tan demandado como versátil, hasta tal punto que cualquiera con una base mínima de conocimiento y algo de prisa se puede permitir convertirse en un psedogurú, mientras en el lado de la demanda muchos, necesitados de soluciones rápidas, o amparados en un desconocimiento frívolo, dan carta de naturaleza a estas empresas y profesionales que brotan en el mercado amparados en los mismos principios que los programas de telebasura.

El futuro del coaching

Desde hace tiempo se viene haciendo imprescindible una labor didáctica para explicar a todos los actores – principalmente a los directivos de las empresas- los fundamentos del coaching profesional, de modo que puedan ajustar sus expectativas y lograr que sus decisiones estén basadas en criterios exigentes, que es lo que demanda una gestión de personas adecuada a los tiempos que corren.

Hay que confiar en que lo que estamos viendo en este tipo de eventos no sea lo más representativo del sector, porque si así fuera, el panorama sería desalentador.

Más vale que simplemente se trate de eventos aislados en los que la calidad científica se subordina a los intereses comerciales y en el que una serie de organizaciones que pasaban por aquí como podrían haberlo hecho por otro sitio tratan de pescar en río revuelto.

Lo evidente es que corresponde a las Asociaciones Profesionales asumir desde ahora mismo el liderazgo para identificar los estándares éticos y de calidad que tienen que considerar las empresas y los mecanismos de acreditación de los profesionales del coaching más adecuados. De lo contrario, se estará creando un monstruo construido con retales que tendrá vida propia y se vuelva contra los que lo alimentan.

Sin comentarios

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *