Fue la lectura del capítulo que dedica Stephan Zweig en su libro “Momentos estelares de la Humanidad” al desmoronamiento del Imperio Bizantino la que me llamó la atención sobre la importancia de los pequeños detalles, del poder que cualquier persona puede ejercer sobre el curso de acontecimientos de enorme trascendencia histórica, económica o social.

Año 1453. Un emperador ambicioso, el turco Mehmet II,  quiere añadir a su territorio la ciudad de Constantinopla, de gran carga simbólica, capital de un imperio debilitado y dividido, y para ello pone todo su empeño y audacia para desalojar a su rival Constantino XI.

Un ejército, el otomano, disciplinado y entrenado, enfrentado a un  enemigo heterogéneo y muy inferior en número y recursos.

La determinación de Mehmet se ponía de manifiesto en su arrogancia dialéctica, (“Nada de lo que está fuera de las murallas es propiedad del Emperador”), pero sobre todo en la aplicación de técnicas y tácticas casi imposibles de imaginar para mentalidades tan apagadas que habían dejado su destino sometido a la voluntad de Dios.

Tan novedosa para la época es la fabricación de enormes cañones, que tenían que ser trasladados por más de 60 bueyes, para controlar el tráfico de barcos en el Bósforo y derribar las indestructibles murallas de la ciudad; como arrojada era la idea de rodear la capital trasladando a la flota turca por tierra en rampas de madera.

Pero aun con todo, no fueron dos meses de asedio, ni el diferencial numérico entre ejércitos, ni el fervor religioso de los combatientes, ni la estrategia vanguardista, los elementos determinantes que cambiaron la historia.

Una pequeña puerta, ni siquiera una de las cuatro principales que tenía la ciudad, Kerkaporta, la Puerta Olvidada, que algún defensor se olvidó de cerrar y que permitió que una cincuentena de soldados jenízaros de la guardia de Palacio del Sultán traspasara, provocando el desmoronamiento definitivo de las defensas bizantinas.

Hay tres factores comunes a los ejércitos que logran la victoria en las grandes batallas de la Historia: la aplicación de elementos innovadores en la estrategia; la presencia de alguna competencia diferenciadora que es determinante en el choque entre los ejércitos; y la excelencia, la importancia que adquieren los pequeños detalles en un entorno extremadamente complejo.

Y si no, no hay más que recordar acontecimientos recientes, como el fiasco para Samsung en el lanzamiento del Galaxy 7, o el desastre que ha supuesto para la candidatura de Hillary Clinton la elección de sus colaboradores, en concreto al asunto de Huma Abedin.

Siempre los detalles, siempre las personas. Al final un pequeño detalle puede ser el origen del desastre o la causa de la gloria, y ese detalle puede depender de la última de las personas, del combatiente de la retaguardia, que tiene que estar tan preparado en lo motivacional , lo emocional y lo aptitudinal como el primero.

2 comentarios

  1. 4 diciembre, 2016 at 6:52 pm — Responder

    Qué Crack eres macho
    Un motherfucker. De #relatoshumanos

  2. 4 diciembre, 2016 at 7:26 pm — Responder

    Juan Antonio, da gusto pasar por tu blog para tomar una bocanada de aire fresco y ver otros puntos de vista, ver cómo de la historia podemos sacar conclusiones para el mundo de la empresa, y ver que todo está inventado, lo que cambia es saber hallar la perspectiva correcta.

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