Una de las frases que más repito últimamente es “Si tuviera que asistir a todas las Jornadas a las que me invitan, no trabajaría nada y no pararía de hacer horas extras

Efectivamente el sector de los Recursos Humanos es probablemente el más prolífico en la celebración de todo tipo de actividades profesionales. Tanta efervescencia necesariamente acarrea riesgos, no sólo para los que lo organizan, sino también para los que asisten en calidad de ponentes o de asistentes.

No suelo pues prodigarme mucho, y cuando lo hago procuro ser selectivo –muy selectivo, diría-. Aun así, no pude evitar sorprenderme cuando, en el último al que asistí –un evento organizado por todo lo alto, en cuando a entorno, ponentes, y logística- todas los conocidos con los que hablé, colegas pero también participantes de distintas áreas de la industria, se quejaban unánimemente del escaso nivel del contenido de las ponencias y los debates.

Repasé el programa. Creo recordar que en ninguno de los títulos de los diferentes –y vertiginosos- actos, faltaba la palabra “digitalización”. “¿De verdad que tenemos tanto que contarnos sobre la digitalización?” pensé, pero no me atreví a decir, interiorizando la presión por decir lo políticamente correcto en todo lo que está de moda.

Pegamos la palabra a cualquiera de nuestros procesos y ya tenemos material para alimentar una Enciclopedia.

No creo que nos beneficie esta hiperactividad, no al menos en el medio y largo plazo.

Hay demasiada gente opinando como para encontrar alguien que de verdad aporte algo interesante.

Hay muchos profesionales empleando los estrados como escaparates en lugar de como espacios de intercambio de buenas prácticas.

Hay muchas “soluciones en busca de problemas”. Los temas de interés de los profesionales son elegidos por otros.

Hay demasiadas empresas desarrollando una labor comercial camuflada de networking

Desgraciadamente, el conocimiento en Recursos Humanos está demasiado basado en encuestas, cuya temática también está dirigida por intereses comerciales. Hemos dado la espalda al conocimiento de base científica que proporcionan las Universidades, y no exigimos rigor en el intercambio de conocimiento aplicado.

Y desde el mundo asociativo no existe visión con luces largas que permita innovar en la manera en que los profesionales de Recursos Humanos pueden mejorar su posicionamiento en el mundo económico y en la empresa, pero en general en la Sociedad.

Hay un paralelismo entre la grandilocuencia con la que reclamamos nuestro papel estratégico y la realidad del día a día en los Departamentos de Personas, y el circo que se ha levantado en torno a los directivos de Recursos Humanos y la calidad de las atracciones que se desarrollan bajo la carpa.

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