Cuando las relaciones no están basadas en la integridad, la honestidad y la confianza, el que tiene más poder suele imponer sus criterios dejando un rastro de impunidad y desprecio por la ética. La única defensa de los perjudicados es aferrarse a los valores sólidos y tomar decisiones pensando en el largo plazo para que éstos pervivan.
Hechos (conocidos por todos): La empresa A se queda por sorpresa sin un empleado clave. Hace una oferta a un profesional que está inmerso en un proyecto delicado e importante. El candidato acepta. La empresa hace público el fichaje sin esperar a que finalice el proyecto. La actual empresa (B) del candidato le despide de manera fulminante.

LA EMPRESA A
Es legítimo fichar a alguien de la competencia, pero éticamente cuestionable cuando el proceso erosiona precisamente los valores que se supone te identifican como organización y genera perjuicios a terceros.
Si eres líder, la proyección de las consecuencias tus actos tienen un efecto en la mente de tus clientes y de los que no lo son. Deberían tener un efecto moralizador. Y si no lo tienen, la fidelidad de esos clientes, accionistas, o los que sean, va a depender de que cumplas sus demandas (servicios, resultados). Ojo, porque cuando no lo hagas serás agua pasada.
EL CANDIDATO
Cuando firmas un contrato, no sólo te comprometes con la otra parte, también lo haces contigo mismo. Tus valores no son lo que dices, sino lo que haces. Si pretendes mantener una relación positiva y duradera con otro, los valores de ambas partes deben coincidir.
Que te fiche una gran empresa no significa necesariamente que seas un gran profesional, especialmente si todavía no lo has demostrado con resultados diferenciales.
Algunas personas, en ocasiones, tienen ofertas laborales justo cuando acaban de deshacer las maletas en su nueva empresa. Y a algunos de ellos no les importa desdecirse a sí mismos y ridiculizar a quienes han apostado por ellos.
La publicidad ante terceros de estos comportamientos puede marcar para siempre tu trayectoria profesional. Ahora no tienes una oportunidad para cometer otro error.
LA EMPRESA B
¿Cómo debe actuar una organización afectada por una situación así? Lo habitual es dejar pasar las cosas, evitar los sonrojos, no mirar de frente a la afrenta.
Lo cómodo es ganar tiempo y refugiarse en el corto plazo. Lo valiente es lo más incómodo, pero también lo más inteligente y lo más coherente. No permitir viajar contigo a quien demuestra falta de compromiso deja marcado ante todos al que ha sido deshonesto, y lo más importante, enseña a los que se quedan que no vale todo. La empresa –en condiciones normales- podrá tener otro problema, pero no este, porque sus profesionales se pensarán muy mucho de hacer lo mismo: las reglas del juego están claras.

Vivimos una época en la que la lealtad está infravalorada. La lealtad está basada en la confianza y es la estructura que soporta la convivencia y el progreso.
Y además nos tenemos que explicar por qué existen organizaciones que consiguen resultados extraordinarios de manera sostenible a pesar de que sus decisiones con las personas y con el entorno son cuestionables éticamente.

1 comentario

  1. 14 junio, 2018 at 9:35 am — Responder

    Gran análisis, Juan Antonio. Se puede decir mucho, sin nombrar a nadie. ¡Totalmente de acuerdo! Gracias por el post.

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