EL JEFE

El jefe, segundo de a bordo al mando ejecutivo de una empresa de renombre, sufre una tragedia personal y debe abandonar el trabajo para ocuparse de ello.

EL CEO

La empresa le facilita la marcha, aunque el jefe se habría ido de todas formas. En cualquier caso, esta comprensión ha creado un vínculo emocional probablemente imborrable.

Hay que decir que el CEO ha tenido ya cinco directivos ocupando el puesto en tres años, en circunstancias bastante borrascosas, por lo que tiene en su cabeza la sombra del descrédito. Sus decisiones son escrutadas por todos, los clientes tienen buena memoria

EL INTERINO

Se necesita en todo caso un sustituto inmediato. Se acuerda que el segundo asuma la responsabilidad en lugar de nombrarlo interino, aunque su único valor es el know how acumulado y no debería ser difícil salir al mercado y encontrar candidatos.

Estamos en un sector en el que priman los resultados inmediatos, la ejecución vistosa, la identificación emocional con la marca sobre lo racional. El prestigio personal tiene que ser paralelo al de la empresa (lo más habitual es que el segundo potencie al primero, y no al revés)  y la estética adquiere peso entre los criterios de selección frente a las capacidades.

Una vez resuelto el problema personal, el jefe quiere volver. Pero el interino, cuyo desempeño ha sido de lo más normal, actúa como si hubiera adquirido derecho al puesto y empieza a actuar como el divo que no es. Jefe y CEO tiran de autoridad moral y jerárquica para volver a donde todo estuvo hace unos meses.

Así que la última  batalla se va a disputar en el terreno de la comunicación, para salvaguardar dignidades en un mundo de egos.

El interino debe decidir si es mejor mantener la duda sobre lo que ha pasado, porque a la larga le va a dar mejor imagen sobre lo que ha pasado, en la esperanza de que se trata de un mundo efímero en el que todas las deudas se saldan en contra de las personas, o alimentar la polémica, con la única e improbable esperanza de la venganza.

El CEO, que tiene antecedentes de decisiones drásticas, seguro que está viendo cómo le perjudica hasta aquello que no puede controlar.

Y el Jefe todavía tiene tiempo hasta agotar su crédito, pues si mira en el largo plazo, se da cuenta de que la memoria del pueblo es muy corta y la fórmula del pan y circo es muy eficaz. De hacer algo coherente, debería seguir alimentando su imagen de tipo duro, para afianzar su posicionamiento.

Nada escandaloso, nada desconocido, nada sorprendente. Todo muy normal, todo es muy humano. Lo vemos cada día en cualquier organización: la solidez del liderazgo y de las lealtades; la empatía, la reputación. Lo único diferente en este caso es el tamaño del altavoz que tienen los protagonistas.

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