28 marzo, 2020

CARTAS DESDE LA TRINCHERA. I – Nuestra guerra

Por Juan Antonio Esteban

«La Guerra había enseñado sus garras y se había quitado la máscara amable. Era tan fuerte la impresión producida por aquel acontecimiento -un acontecimiento que quedaba enteramente fuera del campo de la experiencia- que resultaba difícil entender lo que estaba pasando.»

Ernst Junger. Tempestades de acero

Ni nosotros ni nuestros hijos habíamos vivido nunca en guerra.

Pocas generaciones en la Historia habían tenido ese privilegio. Y sin embargo, desde hace unos días, hemos visto cómo el sonido lejano de las bombas (unas cuantas muertes en China) se ha convertido de repente en una batalla cuerpo a cuerpo en la misma calle en la que vivimos.

Así que ahora estamos sentados en la trinchera, escribiendo cartas para ahuyentar el miedo o para dejar algún legado en el caso de que nos alcance una bala.

Éramos una generación que no conocía el miedo físico. Y eso no es bueno, porque el miedo es adaptativo. Tan confiados, que no hemos querido creer lo evidente hasta que lo hemos tenido delante. Tan acomodados, que hemos hecho del acaparamiento del papel higiénico el icono que nos describe como civilización: no estamos dispuestos a renunciar a las más básicas de nuestras comodidades.

Los parecidos con una guerra como las del siglo XX son más que evidentes.

Los políticos maquillan las cifras de bajas. Las bajas son un número despersonalizado, nadie le pone rostro ni historia. Se habla abiertamente del virus como “el enemigo”. Incluso se permiten usar un lenguaje belicista absolutamente impostado. Oímos hablar de “no dejar a nadie atrás”-una frase usada realmente por las unidades de combate- a personajes que han hecho del pacifismo sus señas de identidad. En la guerra hay que saber obedecer, pero también hay que saber mandar.

Los médicos, esta vez, también soldados, no sólo salvan vidas, deciden quién vive y quién muere.

Los ciudadanos, como en todas las guerras, se confinan en sus casas. Más conectados, pero igual de desinformados. Con menos privaciones físicas, pero igual de expuestos a la suerte.

Y los caídos, muertos y enterrados solos, lejos de los suyos, como en el frente.

Dice Dave Grossman que el valor es “guardar la compostura bajo presión”. El valor esta vez va a ser saber vivir en la postguerra, en la Era de las Pandemias, en el siglo de lo exponencial. Esta guerra está enseñando todas nuestras vulnerabilidades (en los valores, en la educación, en la economía,..) y nos deja a merced de virus reales y virtuales.

Más que nunca, vamos a necesitar valor.

Foto: AFP 2020 Charly Triballeau

Sobre el combate. Dave Grossman y Loren W. Christensen. Ed. Melusina, 2014