«La Guerra había enseñado sus garras y se había quitado la máscara amable. Era tan fuerte la impresión producida por aquel acontecimiento -un acontecimiento que quedaba enteramente fuera del campo de la experiencia- que resultaba difícil entender lo que estaba pasando.»

Ernst Junger. Tempestades de acero

Ni nosotros ni nuestros hijos habíamos vivido nunca en guerra.

Pocas generaciones en la Historia habían tenido ese privilegio. Y sin embargo, desde hace unos días, hemos visto cómo el sonido lejano de las bombas (unas cuantas muertes en China) se ha convertido de repente en una batalla cuerpo a cuerpo en la misma calle en la que vivimos.

Así que ahora estamos sentados en la trinchera, escribiendo cartas para ahuyentar el miedo o para dejar algún legado en el caso de que nos alcance una bala.

Éramos una generación que no conocía el miedo físico. Y eso no es bueno, porque el miedo es adaptativo. Tan confiados, que no hemos querido creer lo evidente hasta que lo hemos tenido delante. Tan acomodados, que hemos hecho del acaparamiento del papel higiénico el icono que nos describe como civilización: no estamos dispuestos a renunciar a las más básicas de nuestras comodidades.

Los parecidos con una guerra como las del siglo XX son más que evidentes.

Los políticos maquillan las cifras de bajas. Las bajas son un número despersonalizado, nadie le pone rostro ni historia. Se habla abiertamente del virus como “el enemigo”. Incluso se permiten usar un lenguaje belicista absolutamente impostado. Oímos hablar de “no dejar a nadie atrás”-una frase usada realmente por las unidades de combate- a personajes que han hecho del pacifismo sus señas de identidad. En la guerra hay que saber obedecer, pero también hay que saber mandar.

Los médicos, esta vez, también soldados, no sólo salvan vidas, deciden quién vive y quién muere.

Los ciudadanos, como en todas las guerras, se confinan en sus casas. Más conectados, pero igual de desinformados. Con menos privaciones físicas, pero igual de expuestos a la suerte.

Y los caídos, muertos y enterrados solos, lejos de los suyos, como en el frente.

Dice Dave Grossman que el valor es “guardar la compostura bajo presión”. El valor esta vez va a ser saber vivir en la postguerra, en la Era de las Pandemias, en el siglo de lo exponencial. Esta guerra está enseñando todas nuestras vulnerabilidades (en los valores, en la educación, en la economía,..) y nos deja a merced de virus reales y virtuales.

Más que nunca, vamos a necesitar valor.

Foto: AFP 2020 Charly Triballeau

Sobre el combate. Dave Grossman y Loren W. Christensen. Ed. Melusina, 2014

7 comentarios

  1. 28 marzo, 2020 at 12:59 pm — Responder

    Hagamos de esta guerra, de estos tiempos de dificultad y catarsis un instante de aprendizaje y cambio. De mejoras individuales y colectivas. Un tiempo de siembra de valores y principios que nos ayuden a refundar un mundo que ya está en una nueva era.
    Busquemos el desarrollo humano por delante de otros desarrollos. La autenticidad de la vida, de las emociones y la esencia de cada ser.
    Es tiempo de renacer, de compartir, de interior izar, de crecer y de aprender a reír y bailar por lo realmente importante
    Es tiempo de reencontrarse con la vida y abrazarla intensamente
    Es tiempo de querer y quererse
    Gracias juan Antonio por abrir esta ventana de desarrollo, reflexión y mejora. Desde la trincheras de santander, un abrazo enorme amigo!

  2. 28 marzo, 2020 at 3:52 pm — Responder

    Gracias Querido Juan Antonio por abrir esta ventana de reflexión y también de esperanza.
    Decíamos en el ejército que el valor “se le supone”…

    Para los del 67, ahora tenemos delante una realidad brutal que nos hará comprobar hasta donde llega el mismo, aunque estemos bien pertrechados (o eso creíamos) en casi todo.
    Cuídate mucho.
    Un fuerte abrazo desde la trinchera de Valladolid.

  3. 30 marzo, 2020 at 4:52 pm — Responder

    Muy buenas Juan Antonio. Efectivamente vivimos momentos complicados, por lo inesperado de la situación y la incertidumbre de como evolucionará.
    Aunque estamos en una época en la que el dato es el rey no somos capaces de utilizarlo adecuadamente para tomar decisiones de forma crítica, y el día a día nos tiene superentretenidos. Hasta que la realidad nos da un botefon con la mano bien abierta, para espabilarnos y que despertemos del ensimismamiento en el que estábamos.
    Asi, en estos días que parece que el tiempo se para y que tenemos que reorganizarnos, es un gran momento para reflexionar. Un momento para volver a ordenar los cajones, dejando lo importante y lo que nos define, y tirando lo superfluo. Centrándonos en lo básico, reconstruyendo una base sólida sobre la que levantar de nuevo nuestro imperio.
    Y también es momento de desarrollar nuestra creatividad. Ese cajón desastre que era la innovación hace unos años, tenemos que retomarlo con más fuerza y criterio para dejar que los que nos acompañan aporten y participen. Basta ya de egos absurdos y de apuntarnos medallas con el sudor de otros y creemos equipos comprometidos y alineados con un objetivo común. Equipos donde todos multipliquen, y no solo sumen.
    Es una gran oportunidad de crecer y evolucionar, y dónde la gran mayoría volveremos a la casilla de salida para reinventarnos, pero con la experiencia de todo lo aprendido hasta el momento.
    Estaremos listos para cuando den el pistoletazo de salida o nos lameremos las heridas pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor?

    Un abrazo, Juan Antonio y mucho ánimo. Vamos a poder disfrutar de lo lindo próximamente.

  4. 30 marzo, 2020 at 5:55 pm — Responder

    Querido Juan Antonio; me ha encantado leer tus reflexiones, las cuales son comunes a muchísima gente que actualmente está confinada en sus casas, privadas de una de las mayores de las libertades que es la movilidad.

    Son situaciones donde, sin darnos cuenta, se nos están dando segundas oportunidades; porque estamos obligados a leer entrelineas y redefinir un mundo que nos pide a gritos que cambiemos nuestros valores y las formas de vivir.

    Este año cumplo 40 años y me encuentro en el ecuador de mi vida, valorando si estoy haciendo las cosas bien, si estoy aprovechando el tiempo como debería y si ayudo, con las herramientas que se me facilitan como ciudadana a hacer un mundo mejor.

    A partir de ahora, este planteamiento irá directamente ligado a cualquier decisión que tome, donde intentaré aportar para sumar, a un interés general que se ha visto amenazado en tiempos de guerra.

    La protección de nuestros mayores, aquellos que han construido nuestra realidad a base de sudor y esfuerzo; no debe perderse por una carencia de infraestructuras en el estado de bienestar. Estoy segura, que este aviso, nos hará mejorar como personas y como sociedad.

  5. 30 marzo, 2020 at 6:11 pm — Responder

    Gracias Juan por la reflexión, es cierto que la palabra guerra asusta o pone de manifiesto, que no se si estamos preparados para hablar de estrategia, frente a catástrofes intencionadas o naturales
    Tu que eres un experto en RRHH planificar los recursos humanos solo para el día a día es de alto riesgo en actividades de servicio, si no hay estrategia a medio o largo plazo
    Leía un informe de la fundación de Bill Gates que en Octubre 2019 realizaron ejercicios de simulación de pandemias y asusta ver las similitudes
    La diferencia es que la guerra la planteaban por conquistar o cambiar y ahora no sabemos quién ese enemigo teal, si ese virus, pero no queremos imaginar todo lo que va a cambiar ahí estará nuestro valor, asumir nuevos hábitos con nuevos valores, pero ahora todos en la trinchera!!

  6. 31 marzo, 2020 at 4:40 pm — Responder

    Te tomo la palabra estamos en una guerra, pero la diferencia es que a este enemigo solo le interesa vivir el presente y mantener la guerra exclusivamente, en cambio nuestro objetivo no es ese, nosotros tenemos la esperanza y la certeza de que después de esta guerra nos llega nuestro turno de aprender, crecer y renacer con nuevos sueños, nuevos objetivos, nuevas ilusiones, nuevas ideas,…. que con toda seguridad iremos poniendo en macha sin darnos cuenta.
    Eso sí, seguramente como en todas las guerras, el terreno de juego está cambiando muy rápidamente y la forma y manera de conseguir objetivos, desarrollar ideas y/o soñar tendrán otro dimensión.
    Desde la trinchera….gracias Juan Antonio!!!

  7. 1 abril, 2020 at 7:17 am — Responder

    Te tomo la palabra estamos en una guerra, pero la diferencia es que a este enemigo solo le interesa vivir el presente y mantener la guerra exclusivamente, en cambio nuestro objetivo no es ese, nosotros tenemos la esperanza y la certeza de que después de esta guerra nos llega nuestro turno de aprender, crecer y renacer con nuevos sueños, nuevos objetivos, nuevas ilusiones, nuevas ideas,…. que con toda seguridad iremos poniendo en macha sin darnos cuenta.
    Eso sí, seguramente como en todas las guerras, el terreno de juego ya está cambiando muy rápidamente y la forma y manera de conseguir objetivos, desarrollar ideas y soñar tendrán otro dimensión.
    Desde la trinchera….gracias Juan Antonio!!!

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