El poder es poder sobre seres humanos. Sobre el cuerpo, pero especialmente sobre el espíritu.

George Orwell, 1984

El liderazgo ha muerto. Me refiero al liderazgo individual, ése que hemos conocido en los libros o el cine, y en más raras ocasiones en la vida real. Ya no existe ni va a volver.

Desde que tenemos memoria colectiva han vivido figuras que vinculaban su ascendencia sobre los demás a sus logros militares, la influencia espiritual, o el dominio de los resortes de la elocuencia o el poder.

Esas figuras hoy sólo son personajes populares, actores de corto recorrido. Los ciudadanos ya no se paran y vuelven la cabeza para escucharles cuando hablan. Son tan poco creíbles como efímeros.

No hay nadie, ninguno, en todo el mundo. Ni en política, ni en la empresa, ni en religión se puede encontrar un solo líder con el suficiente carisma y discurso para señalar el camino.

El líder político es alguien incapaz de decir palabras que no se vuelvan en su contra en poco tiempo. Podrán ver cómo sus índices de popularidad suben…temporalmente. Es lo propio cuando un país tiene un enemigo.

El líder ideológico es víctima de sus contradicciones. Las ideologías, también las religiosas, incluso las del siglo XX, están obsoletas y son inútiles: no logran explicar el mundo actual, ni movilizar a colectivos, ni construir modelos para el que se nos está echando encima.

El líder empresarial es etéreo, incapaz de decir nada nuevo ni de anticiparse. El filantropismo es el sucedáneo, no hay que confundir ambos conceptos

El liderazgo que va a surgir después de esta crisis es colectivo.

El liderazgo colectivo se manifestará en grupos de personas unidas por ideas lo suficientemente atractivas como para movilizar a la acción. Sólo las ideas transformadoras tienen la capacidad para inspirar. Lo que estas ideas tienen en común es que apelan a emociones, a la trascendencia de la persona más allá de sí misma, o a dejar un impacto positivo y duradero en su entorno.  La solidaridad está siendo una de ellas. Cuando acabe la guerra, es necesario identificar otras.

Es la oportunidad para la “Sociedad Civil”: colectivos constituidos formal o informalmente en torno a iniciativas de todo tipo.

También las empresas tienen la oportunidad de desempeñar un papel crítico porque alguna institución debería sustituir a los Gobiernos, que son incapaces de dar respuestas al ritmo que necesita el mundo. Lo que habíamos creado ya no funciona. En Davos se ha llamado a esta propuesta de modelo “stakeholder capitalism”. Ciudades y Corporaciones van a suceder a Estados y Gobiernos.

La siguiente reflexión es qué tipo de ciudadanos hay que educar, qué tipo de hijos hay que criar, qué tipo de empleados hay que formar. Un modelo de sociedad basada en el liderazgo colectivo necesita personas maduras y humildes.

La Madurez individual es indispensable para que haya madurez colectiva.

Y la Humildad es imprescindible para quienes deben asumir en un momento dado una posición de referencia y abandonarla cuando ya no sea necesario. Humildad para aprender constantemente, y para relativizar los puntos de vista, empezando por el propio.

Porque ahora más que nunca existe el riesgo de la manipulación. La desaparición del líder también puede producir una necesidad de tutela o protección.

La falta de término medio va a ser otra característica de esta época: no va a haber clases medias, no va haber trabajos “del montón”, no va a haber opiniones moderadas.

Quienes dominen las técnicas de la influencia tendrán una ventaja para condicionar los pensamientos, sentimientos y conductas de la gente. Los que apliquen los modelos de comunicación de las masas de Chomsky o Lakoff pueden ser los nuevos dueños del mundo.

Es el tiempo del Relato

George Lakoff. No pienses en un elefante

George Orwell, 1984

Noam Chomsky. Las diez estrategias de manipulación mediática

2 comentarios

  1. 7 abril, 2020 at 10:10 am — Responder

    Estas situaciones deberían obligar a que el ciudadano entendiera qué necesidades básicas deben garantizarse independientemente del gobierno o líder que se tenga. Nuestras expectativas personales deben sustituirse por expectativas colectivas, porque aquella idea que proteja la convivencia en grupo será la que deba prevalecer ante las demás.

    Los matices a esos pilares pueden ser diferentes, pero jamás debemos cambiar la robustez de ese pilar, que es el que nos protege de la caída del techo.

    Los líderes de hoy en día buscan su “target”, la parte de población que les sigue a cambio de una idea que les diferencia del resto; pero los ciudadanos debemos prestar más atención al paquete ideológico que representa cada grupo político. Debemos dejar de votar al líder prestando atención a intereses personales porque, cuando todo va mal, siempre buscamos las colectividades.

    Ahora más que nunca, es una obligación como ciudadano o ciudadana, prestar atención a los programas que se plantean y luchar para que elementos básicos como puedan ser la sanidad queden blindados para siempre; porque una debilidad en este tipo de áreas tendrá como consecuencia la caída de ese país, de sus líderes y de su gente.

  2. 16 abril, 2020 at 9:03 am — Responder

    Coincido totalmente, de hecho no de si recuerdas una conversación que mantuvimos sobre las competencias del futuro y una de las 7 que proponíamos era liderazgo distribuido.
    Eso conlleva la humildad que comentas y añadiría confianza y autorresponsabilidad.
    Un abrazo

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