Sin noticias de Gurb

Artículo publicado en Capital Humano, noviembre de 2013

En Recursos Humanos somos bastante aficionados a los trending topics. No tanto en el sentido literal, pues en general no somos un colectivo muy presente en las redes sociales. Me refiero a la manera en la que abrazamos modas y tendencias, y las hacemos nuestras, en los asuntos que conciernen a nuestra profesión.

¿Se acuerdan de Sin noticias de Gurb, el libro de Eduardo Mendoza? Les refresco la memoria: un extraterrestre a la búsqueda de un congénere que se extravía en nuestro planeta y que en su deambular analiza e interpreta con ojos desapasionados –y muy divertidos- las cosas que hacemos los terrestres. Una visión diferente, no condicionada por la experiencia y los prejuicios.

¿Qué diría el anónimo extraterrestre, que se pasea por las calles de Barcelona disfrazado de Conde Duque de Olivares, si hubiera entrado en alguno de nuestros inagotables Congresos, jornadas y encuentros, al oír repetirse en todos ellos los mismos tópicos, o ver una y otra vez las mismas caras a ambos lados de la audiencia?

Si se hubiera detenido a escuchar, seguramente habría percibido el tono lastimero en el que en algunas ocasiones ponentes y asistentes se sentían cuestionados o ignorados por su entorno profesional, auto obligándose a “reinventarse” para no morir.

O habría oído una y otra vez la importancia de algo que todos llamaban “talento” para la supervivencia de sus empresas. Seguro que se habría preguntado sorprendido por qué eran tan estúpidos de no poner en práctica algo que todos parecía tener tan claro.

Si ya llevara tiempo con nosotros, se preguntaría qué fuera de aquellos mantras con tanta capacidad curativa, de las competencias, de la inteligencia emocional.

O abriría los ojos como platos, ante el diagnóstico de lo que le parecería una depresión colectiva de tal magnitud que provocaba que muchos de los colegas señalaran el camino de la Felicidad como el único posible para la salvación. La Fe que garantiza la Vida Eterna. Sí, la Felicidad es el nuevo trending topic en Recursos Humanos.

Tal podía ser una visión cínica y pesimista de nuestra profesión, que muchos –propios y ajenos- fomentan. Una profesión que se oscila, casi sin puntos intermedios, entre estos insights catárticos en los que parece que hemos encontrado el Santo Grial, y la catatonia autodestructiva.

Pero yo no la considero mía. No creo ni que la Dirección de Recursos Humanos esté falta de ideas, ni mucho menos al borde de la desaparición. ¿Qué área de la empresa no siente sus fundamentos cuestionados, o no tiene que revisar sus herramientas y sus propuestas? Si acaso, es el management, más en genérico, el que lo está.

¿Saben cuándo me convenzo de que los Directores de Recursos Humanos no están en crisis? Cuando les escucho a ellos, y no a otros. Hay muchos ahí fuera que creen en lo que hacen y que saben lo que hacen. Y eso aunque la mayoría se han encontrado con recortes en sus presupuestos de formación o de desarrollo; o han tenido que reducir bonos, beneficios o salarios de las plantillas; han despedido empleados o les han despedido a ellos; o han sido sustituidos por el Director Financiero o por una persona de su equipo. Pero ¿es que los otros no?

Creo que la cuestión es que nuestro discurso está en manos ajenas. Este es el problema, que como colectivo de Directores de Recursos Humanos, no tenemos todavía una voz alta y clara que nos represente sin condicionantes , y que tampoco tenemos el orgullo colectivo de pertenencia que reclamamos para los empleados de nuestras organizaciones. Como diría Séneca, qui prodest?, ¿quién se beneficia?

Porque si el comandante de la nave extraterrestre se fijara en quién es el mensajero, se daría cuenta de que no hay mucho directivo de Recursos Humanos con el micrófono o la pluma cerca. No estoy seguro de que nuestros portavoces nos hagan un favor más grande que el que se hacen a ellos mismos, cuando nos diagnostican y nos señalan el camino.

No voy a señalar con el dedo, vístanse de Don Gaspar de Guzmán y Pimentel, Conde Duque de Olivares –en el sentido metafórico, claro-, y paséense por ahí fuera, observen y pregunten. Y ya me cuentan.